QTI0016 ¿Por qué mi hija tiene que estudiar fracciones? (CA002)
Necesitaba un cambio en mi vida: un corte de pelo adecuado a los dictados de la moda, los de mi pertinaz cabello y al cambio de estación.
Así que me dirigí a una peluquera de Assolejat y mientras ésta ejecutaba su tarea, entablamos una conversación.
En las pequeños núcleos de población de Assolejat, sus gentes aún conservan el espíritu pueblerino, y la mujer, entre chasquido y tijeretazo no perdía ocasión de intentar sacarle toda la información posible a la forastera.
- ¿Así que das clases de matemáticas? Verás, tengo dos hijas... Y la pequeña tiene problemas para aprender a restar... Su maestra se lo está enseñando de una manera muy rara y no coincide con la forma en que a mí me lo enseñaron en la escuela. Y yo estoy muy preocupada... ¿Podrías darle unas cuantas clases a mi hija?
Problema número uno: las incompatibilidades legales. Problema número dos: la falta de tiempo para esos menesteres. Intento salir al paso lo mejor que puedo explicándole que puede haber varias formas de hacer las cuentas a mano y no sólo una que sea correcta. Y que el resultado siempre ha de ser siempre el mismo si se ha hecho bien, y que siempre debe coincidir con el que da una calculadora si funciona bien y se han pulsado bien las teclas. (Tomo nota mental de evitar tecnicismos que puedan confundirla como la palabra algoritmo)
La mujer me mira extrañada y con un poco de mosqueo continúa:
- Pero lo que yo no entiendo es por qué tanto empeño en hacer las cuentas a mano si siempre tendrán una calculadora. Y, una vez que ya han aprendido las cuatro reglas por qué tienen qué seguir aprendiendo cosas raras.
- ¿Cosas raras? - le pregunto tratando de seguir la conversación, aunque ya empiezo a temerme por dónde van los tiros...
- Sí. Las fracciones. Vamos a ver... mi hija mayor está estudiando las fracciones y lo está pasando muy mal. Yo querría ayudarla, pero ni me acuerdo. Sólo sé que las estudié una vez y yo que soy peluquera jamás me han servido para nada. ¿Por qué mi hija tiene que estudiar una cosa que no sirve para nada?
Ahora la sorprendida soy yo. Me esperaba algo más arcano. ¿Cómo es posible que esa mujer en toda su vida jamás haya reparado en la importancia de las fracciones en la vida cotidiana? Media docena de huevos, un cuarto de pollo, un quinto de cerveza...
- Sí, pero esas cosas raras como sumarlas, restarlas, multiplicarlas... ¡e incluso dividirlas! - continúa mi interlocutora.
- Bueno, tienen muchas aplicaciones... en pastelería, por ejemplo... - para mantener las proporciones... - para preparar las mezclas en peluquería de los tintes...
- Ah, bueno, yo eso lo hago a ojo con los tubos, que ya vienen con todo el preparado y sabiendo qué es lo que puedo mezclar y lo que no... No necesito esas cosas...
- Vale, pero los ingenieros las necesitan... -trato de proseguir en tono conciliador.
- ¡Mi hija no va a estudiar ingeniería en la vida! ¿Por qué le tienen que amargar la vida con esas cosas?
- Bueno, puede ser interesante saber cómo funcionan las cosas. ¿Tiene un móvil? Sin cosas como las fracciones no podría funcionar. - trato de explicar...
- ¡Pero yo sólo quiero utilizarlo, no llenarme la cabeza de cosas raras!
A partir de ese momento, claudico:
- Bueno, es una forma de vivir la vida.
Y continuamos la sesión en silencio. La peluquera acaba su trabajo, el resultado es entre mediocre y aceptable, pero yo no lo hubiera hecho mejor. Pago y salgo del establecimiento: estoy de misiones en una tierra donde la ignorancia hace su agosto porque las gentes no quieren salir de ella.














